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5°
RAID AL MAGRIB
Todavía
no había rodado más de 1000 km en lo que va de
año, y la idea de apuntarme a un Raid de casi 500
km en seis días parecía descabellada y si además el
recorrido transcurría cruzando el Atlas de norte a sur hasta llegar al
desierto del Sahara, parecía demasiado duro para afrontarlo sin sufrir una
barbaridad.
Pero bastó echar un
vistazo a las fotos del año pasado y ver como 4 tíos bajaban montados en sus
bicis unas dunas enormes, para no poder resistirme a la llamada del
desierto. Para cuando quise darme cuenta ya estaba preparando la mochila y
en mi cabeza sólo había sitio para sol, montañas, dunas, senderos y noches
de fiesta bajo las estrellas.
El viernes por la noche llegamos a Marrakech. Teníamos tiempo para
visitar la ciudad antes de enfrentarnos a la dureza del Atlas.
Marrakech es la única
ciudad que he visitado en la que a las dos horas de llegar te sientes como
si llevarás media vida viviendo allí, dado que ayuda mucho la hospitalidad
y simpatía de sus habitantes, y la manera que tienen de entender la vida,
con mucha calma, lejos del ajetreo y el estrés de las ciudades europeas.
La verdad es que pasar un par de días visitando el zoco, la plaza
de “Yena-l-Afna”,
poniéndote hasta las botas en los puestos de comida típica, ya justifica el
haber decidido emprender el viaje, y eso que lo bueno todavía no ha
empezado!!!
COMIENZA EL RAID
Los Land Rovers
nos llevan hasta lo alto del puerto, por lo que vamos a empezar a pedalear
cuesta abajo. La emoción del momento y la falta de acoplamiento a la bici,
hace que más de uno sobrepase sus límites y dé con sus huesos en el suelo.
Aún así, todos flipamos con una bajada salvaje que nos lleva hasta lo más profundo
del valle.
Tras una rápida comida
continuamos por una pista que se va encajonando entre montañas, hasta
adentrarnos en una impresionante garganta que nos lleva durante más de 40 Km hacia Nergui, el pueblo
berebere donde pasaremos la noche.
Nos recuperamos a base de té a
la menta, cuscus y demás comidas de la zona,
todos estamos a la espera de la etapa de mañana, sobre todo por el puerto
de más de 12 km que nos espera de salida, y más
teniendo en cuenta que se trata del primer tramo competitivo del Raid.
El día amanece diluviando, y
el barro es abundante, por lo que la organización toma la decisión de
anular el tramo competitivo y todos subimos en plan de amigos. Aun así el
barro se pega a las ruedas y nos impide avanzar convirtiendo la subida en
un suplicio que nos lleva casi tres horas.
Al comenzar el descenso el
tiempo empeora repentinamente y comienza a nevar a saco, llega un momento
que las bicis se quedan totalmente bloqueadas por el barro y es imposible
moverlas; nos quedamos literalmente congelados después del descenso. Además
el terreno esta completamente pelado por lo que no hay lugar donde
resguardarse. La mayoría tomamos la decisión de dejar las bicis y subirnos
a los Land Rovers.
Otros deciden correr para llegar al pueblo hasta que pase la tormenta.
Un pajar berebere es nuestra
salvación. Entramos en calor enterrándonos en paja hasta el cuello. Cuando
llega el dueño nos lleva a su casa donde nos “resucita” con la estufa, el
té hirviendo y pan caliente.
La nieve ha dejado el terreno
y nuestras bicis completamente inservibles, así que decidimos pasar la
noche en el pueblo, donde nos dejan una casa y se desviven para ayudarnos,
otra muestra más de que la hospitalidad de esta gente no tiene límites.
Se trata de un pueblo
completamente aislado en las montañas, donde el único acceso es un río por
un lado y una pista, por llamarla algo, por el otro. No tienen luz
eléctrica ni agua en las casas, aun así después del frío que hemos pasado,
pasamos una noche en la gloria rememorando las aventuras del día y echando
unas risas, sin saber si el tiempo nos dará una tregua para la siguiente
etapa.
La suerte nos sonríe, el día
amanece soleado y parece que vamos a poder pedalear. Siguiendo el cauce del
río, llegamos al pueblo de nuestro guía marroquí. Nada más llegar vamos al Haman (como una sauna pero con agua), y nos quedamos
como nuevos.
Como resultado del día de
tormenta llevábamos un día de retraso y no nos iba a ser posible llegar al
desierto del Sahara, por lo que tomamos la decisión de intentar hacer dos
etapas en un día, 85 Km más 35 Km de la del siguiente. El día se presenta complicado
porque además debemos cruzar el paso más alto del recorrido, 2700 m de
altitud y encima todo el puerto, 21 Km, será
tramo competitivo.
Al comienzo de la subida
encontramos barro que a los pocos Km., da paso a un manto de nieve, donde
sólo puedes pedalear por dos finas rodadas que dejan los Land Rovers, lo que convierte
una subida en principio sencilla en un complicado y técnico sendero que exige
concentración para no perder la trazada, y además hace muy complicados los
adelantamientos. Tras una dura batalla por ser los primeros en coronar
podemos disfrutar de las mejores vistas de todo el Raid.
La mezcla de gargantas, mesetas, picos de más de 3000 metros y todo ello
cubierto por una enorme cantidad de nieve es completamente espectacular.
Ya tenemos la primera
clasificación de etapa del Raid, que deja a tres
corredores en cabeza, entre los que se encuentra Andrej,
un esloveno, que tiene la extraña habilidad de permanecer limpio como un
pincel mientras los demás tenemos barro hasta en las orejas.
El Raid
Al Magrib es una prueba semicompetitva,
en la que la mayoría del tiempo se rueda a un ritmo tranquilo, y sólo
algunos tramos son competitivos, para que de esta forma nos podamos
desfogar los más machacas. Con el tiempo de cada etapa se elabora una
clasificación general, que no se decidirá hasta el último día.
Es una fórmula que aúna lo
mejor de cada disciplina ya que te permite disfrutar plenamente del
recorrido y los paisajes, no como en las carreras de x-country, y a la vez
picarte salvajemente con los colegas.
Después de un largo descenso
sobre la nieve, toda una experiencia, llegamos a Tamta,
el teórico final de la etapa, pero aun nos quedaban 35 Km,
si queríamos empalmar dos etapas y ponernos al día de Km.
La decepción inicial al ver
que el resto del recorrido estaba asfaltado se convirtió en alegría cuando
nos dimos cuenta que nos ayudaba a no hacer excesivamente duro el fin de la
megaetapa, aun así, pudimos disfrutar del
asombroso espectáculo de las gargantas del Todra
al anochecer, a una hora en que los turistas se han metido en sus hoteles y
todo parece más auténtico.
Llegamos al hotel después de
llevar ya tres días alejados de la civilización.
La etapa siguiente era de 125
Km., 100% mountain bike,
con tres puertos, lo que no impidió montar un poco de fiesta después de la
cena gracias a los músicos marroquíes que se montaron un concierto tocando
bongos, panderetas y otros instrumentos típicos.
ENTRANDO EN EL SAGRO
La dureza de la etapa se vió rebajada por la flipada que llevábamos al pedalear
por un paisaje muy especial, nos acercábamos al desierto y el terreno era
cada vez más árido, dando un aspecto lunar al paisaje, al estar rodeados de
montañas basálticas de color negro.
El tramo competitivo dejó el
triunfo ya en manos de dos corredores, pero lo mejor del día fue la bajada
del último puerto, con un poco de todo, pista rápida, sendero técnico,
saltos, curvas peraltadas... todos los ingredientes para llegar abajo con
una sonrisa tonta en la cara difícil de quitar...
Tras 113 Km. llegamos a Baha, donde pasamos la noche en un hotel precioso
durmiendo en Haimas. El cansancio empezaba a
acumularse y sólo los más fuertes se atrevían con los debates en la
sobremesa, porque la última etapa parecía la más dura.
Nos levantamos hechos polvo,
pero cuando el cuerpo dice basta, todavía había algo que nos animaba a
pedalear en busca del desierto, como si de una atracción magnética se
tratase.
Los primeros Km transcurren por carretera, íbamos formando un
pelotón, enchufados, pero al girar a la izquierda, sorpresa, el fuerte
viento que nos ayudaba a avanzar, ahora nos da en todo el careto, y encima
empieza el tramo de competición. Sacando fuerzas, no se de donde, nos
ponemos en marcha, y la carrera se decide en un apretado sprint.
Todavía nos quedan 80 Km, voy muerto y el viento de frente cada vez es más
fuerte, ¡¡¡esto es un infierno!!!
Nos juntamos a relevos para
repartir el esfuerzo, y los ánimos desde el jeep parecen darnos alas,
¡¡Gracias Paula!!
Llega la hora de comer y
algunos quieren tirar la toalla, pero después de casi 400 Km. pasando
nieve, lluvia, barro, sol y demás calamidades ¿te vas a retirar por 30 Km.?
Además después de ver a los super
hermanos David y Álvaro, que se vinieron al Raid
con 0 Km. en las piernas y unas bicis de las que ya no se encuentran ni en
los hipermercados (horquilla rígida, cuadro acero, cantilever,
manetas cuatro dedos, siete coronas,...), a ver quien era el hombre que se
retiraba con su súper-doblesuspensión-inteligente
autobloqueable-supersónica. Como siempre, al
final lo que cuenta... son las piernas.
Una vez más las ganas de
finalizar la etapa pudieron más que nuestras maltrechas piernas y llegamos
a las puertas del Sahara, las dunas de Tinfou, y
la recompensa fue descender a toda caña por las grandes dunas. En ese
momento el dolor de las piernas había desaparecido mágicamente, y es cuando
te das cuenta que cuanto más duro es el camino, más satisfacción sientes al
alcanzar el objetivo.
Si te gustan los desafíos, la
aventura, competir sin tener que dar 80000 vueltas al mismo circuito, y
quieres conocer un país alucinante... esta es tu carrera.
Alberto Peláez
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