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4° RAID AL MAGRIB
Nada más abandonar el invierno decidimos recibir a
la primavera de una manera diferente, pedaleando por el continente
africano, más concretamente en Marruecos, un país fascinante para la
práctica del MTB. El Raid Al Magrib,
es una manera fascinante de conocer una cultura diferente y pedalear por
lugares que sólo podías ver en las películas.
El primer día después de montar las bicicletas,
decidimos hacer una visita a Marrakech, que sería el punto de partida de
nuestra aventura. Una ciudad que parece anclada en el pasado, en la que el
tiempo discurre de una manera diferente, que consigue que te olvides del
estrés y el ajetreo que se vive en las grandes ciudades europeas.
Es sorprendente lo rápido que pasa el tiempo caminando
sin rumbo por el zoco, donde no tardamos en convertirnos en expertos
regateadores, ya que el regateo es una especie de ritual que está presente
en todo trato y se desarrolla según reglas precisas manejables sólo con la
práctica, o perdiéndote en la plaza de Yena-L-Afna, observando boquiabiertos a los encantadores de
serpientes, contorsionistas, cantores y narradores ambulantes, malabaristas
y multitud de puestos ofreciendo comida típica a precios increíblemente
baratos.
COMIENZA EL RAID
El primer día de pedaleo comenzaba en un pequeño pueblo
de montaña en el norte del Atlas. Casi todo el recorrido discurría sobre
pistas asfaltadas, subiendo y bajando los primeros puertos de la jornada.
El entusiasmo inicial, hizo que afrontásemos las subidas demasiado fuerte y
a pesar de no ser puertos excesivamente duros, más de uno llegó bastante
cascado. También pudimos darnos cuenta de lo sorprendente de la geografía
marroquí, ya que pensábamos pedalear sobre un país semidesértico y nos
encontramos valles totalmente verdes, bosques de encinas e incluso
coronamos un puerto nevado, ¡en plena primavera!
Esa primera noche pudimos dormir en un poblado de Bereberes. Toda una experiencia. Nada más llegar nos
vimos rodeados por una pequeña multitud de niños, que después de
abordarnos, pidiéndonos stilo (bolígrafos) y
bombón (caramelos) se encargaban de elegir invitados. Tras hacernos saber
su elección nos llevaron a su casa donde nos prepararon una cena a base de
huevos, mantequilla y pan que nos supo a gloria. Nosotros nos quedamos en
casa de Mustafá, un chaval de lo más espabilado,
pues él sólo había reunido más bolis y caramelos
que el resto de niños juntos.
Nos parece alucinante su manera de vivir, sin luz ni
agua corriente y sin embargo, mostrando una hospitalidad inaudita con unos
desconocidos. La verdad que te da mucho que pensar encontrar gente que vive
con tan poco mientras nosotros estamos inmersos en una sociedad de
consumismo y derroche.
Al amanecer nos despedimos de nuestros nuevos amigos,
mientras las dos médicas de la expedición se encargaban de atender a los
niños que precisaban cuidados médicos. Nuestras dos médicas, además de
aguantar a todo el grupo de quejicas ciclistas,
se encargaban de atender a los enfermos que lo necesitaban ya que en la
mayoría de los pueblos carecen de medicinas y el hospital más cercano se
encuentra demasiado lejos.
Partimos por una pista que nos interna en el cauce de un
río, que seguimos durante varios kilómetros cruzándolo varias veces,
incluso pedaleando dentro de él.
Tras dejar el valle, nos encontramos con un duro puerto
que sería el primer tramo competitivo de la prueba.
El Bike Al Magrib es un raid semicompetitivo. Se circula a un ritmo tranquilo, y
sólo algunos tramos, principalmente subidas, son cronometrados, es decir,
que puedes hacer todo el recorrido sin fundirte demasiado, disfrutando del
paisaje y matar el gusanillo de la competición si eres de los más machacas.
El puerto resultó bastante duro y dejó la carrera
abierta a cinco ciclistas que llegaron destacados. Tras el calentón, un
rápido descenso nos conduce hasta un precioso lago rodeado de montañas,
donde pasamos la noche.
El siguiente tramo competitivo, al día siguiente, se
trataba de un puerto de 24 kilómetros que nos elevaba hasta los 2700m. El
fuerte viento en toda la subida hizo que la carrera se resolviera en el
último kilómetro, en un apretado sprint. El
paisaje había cambiado y se empezaba a parecer a la idea que teníamos del
desierto. Concluimos la etapa llaneando a través de un valle, rodeados de
montañas rojizas hasta llegar a Tamta.
La cuarta etapa, fue prácticamente de descanso, 30km de
bajada a través de las majestuosas gargantas del Todra,
un paisaje fascinante. Como punto negativo decir que fue el único tramo en
todo el raid, donde nos encontramos turistas de
los que acuden en manadas en autobuses y no paran de sacar fotos. Nosotros
ya nos sentíamos auténticos nómadas.
Pasamos la tarde en Tinerhir,
una ciudad bastante grande donde puedes visitar los palmerales, darte un
autentico baño “turco” o pasear por el casco antiguo lleno de artesanos.
Después de dar cuenta de una copiosa cena basada en cus-cus, pasta y tallín (cordero), nos dimos cuenta de que tendríamos
que soportar la dureza de las etapas por el día... y la fiesta por la
noche.
Unos músicos marroquíes comenzaron un improvisado
concierto al que no tardamos en unirnos para acabar todos bailando hasta
las tantas.
UN DIA PERFECTO
Seis y media de la mañana. No hemos dormido mucho, pero
nos han contado que la etapa es alucinante; 120km de puro MTB y ni un sólo
kilómetro de asfalto.
Nos internamos en el Sagro, un
lugar semidesértico de montañas basálticas de color negro. La verdad que
este es uno de los días que más he disfrutado de la bici de montaña, soy un
verdadero fanático de las megarutas y este fue
uno de esos días en que exprimes tu cuerpo un poco mas allá del límite, y
llegas completamente reventado pero con la sensación de sentirte un
privilegiado por poder disfrutar de estas emociones...; subidas
interminables sobre montañas de aspecto lunar, bajadas adrenalínicas
con saltos, curvas imposibles, peraltes, rápidas pistas atravesando
vergeles en el desierto... ¡Una gozada!
Acabamos de alucinar cuando tras coronar el puerto más
alto de la jornada nos encontramos a los conductores guías y demás personal
marroquí que se habían montado una improvisada fiesta, y estaban con la
música a todo trapo, bailando sobre los todo terrenos, totalmente
surrealista, parecía sacado de una peli de Oliver
Stone.
El viento de culo nos hizo llegar casi esprintando al pequeño pueblo donde pasamos la noche en
un hotel de ensueño, que parecía sacado de un cuento de las mil y una
noches pero con piscina.
LLEGAMOS AL SÁHARA
Para rematar nuestros doloridos cuerpo, nos esperaban
100km adentrándonos en el desierto hasta llegar a Zagora, las puertas del
Sahara.
A pesar de ser el perfil prácticamente plano resultó ser
la etapa más dura; largas pistas pedregosas, sol de justicia y nada de
sombra. Los que llevaban doble suspensión podían avanzar mas fácilmente, el
resto nos vimos obligados a bajar la presión de los neumáticos, lo que
provoco varios pinchazos.
Es impresionante como en pleno desierto cada vez que
parabas a causa de una avería en menos de 60 segundos, te veías rodeado de
varios niños pidiéndote caramelos. No conseguimos saber de dónde salían.
Tras 100km llegamos a una gran duna que nos anunciaba el
comienzo del Sáhara, un arco elaborado con
palmeras y unos músicos marroquíes hacían las veces de pancarta de meta, la
cual cruzamos con gran satisfacción.
Atrás quedaban 460km de pista, dunas, arena, sudor y
diversión. Pero aún nos quedaba la fiesta final en un campamento rodeado de
dunas bajo las estrellas. La entrega de premios, una fantástica horquilla Manitou Mars y aprovechar la
última noche del Raid.
El último día lo dedicamos a regresar a Marrakech y
hacer alguna compra de última hora. Todos partimos con la sensación de
haber hecho algo más que una carrera, una experiencia totalmente
inolvidable.
Si te
gusta el auténtico MTB, eres un apasionado de las largas rutas, los viajes
salvajes, te gusta picarte con los colegas... a qué esperas, el 5° Raid Al Magrib está a la
vuelta de la esquina.
Alberto Peláez Serrano.
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